Hacia una mejor convivencia en el aula

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Como orientadores del proceso educativo los docentes tienen en sus manos una gran responsabilidad, pues desde las aulas de clase se pueden generar cambios profundos en sus procesos pedagógicos y en la formación del niño como un ser respetuoso y tolerante en ambientes de sana convivencia.

En este sentido, estas particularidades han de tenerse muy presentes y deberán ser de especial cuidado del docente, ya que es en las aulas de clase donde se generan transformaciones y sucesos, donde se viven ambientes totalmente pluriculturales ya que cada estudiante es un mundo, con situaciones académicas, personales y familiares propias.

De ahí la necesidad que tienen las instituciones de contar con docentes debidamente preparados para desarrollar procesos académicos y de convivencia que permitan una verdadera formación integral de los educandos, dedicados al estudio e investigación y tomando como referencia lo que ocurre en el diario vivir de los claustros educativos.

El docente debe estar preparado para afrontar cualquier situación que genere conflicto al interior de las instituciones y estar pronto a buscar solución; él es parte importante en la edificación del proyecto de vida de los niños, y por lo tanto debe procurar su bienestar personal y social. De este modo, los docentes juegan un papel trascendental en la construcción de un país: si existen familias desintegradas, con grandes problemáticas, con necesidades insatisfechas, forman un pueblo igualmente heterogéneo, lleno de problemas sin solución, y sin opción de cambio; por lo contrario, si sus familias son felices, estables, unidas, forman una sociedad, un pueblo, un país con las mismas características. He ahí la importancia que tiene para una Nación que se humanice su sistema educativo, que los docentes desarrollen su labor pensando siempre en el futuro de los niños que están en la escuela y de la necesidad de formarlos en valores éticos, humanos y sociales, que permitan su formación integral.

Matar, robar, mentir, engañar, fueron, son y seguirán siendo máximas violaciones al código de valores morales y que están presentes en el entorno familiar y social.

Existe una tendencia muy marcada en la juventud de hoy a caer en el materialismo y el facilismo, en el gusto por el placer y por lo superficial; eso es lo que a diario venden los medios masivos de comunicación y las redes sociales; los niños creen que lo que verdaderamente debe importar a la persona es su apariencia, el tener, la búsqueda del placer y el vivir plenamente el hoy sin importar el mañana; la escuela, la familia y la sociedad no pueden permitir que este pensamiento lleve al abismo a nuestra futura generación.

Es así como los claustros educativos deben procurar que los niños no pierdan su rumbo y se mantenga en el aula procesos de convivencia pacífica, procurar que el crecimiento en el conocimiento vaya acompañado de una maduración en su pensamiento y actuar frente a las demás personas, su familia y la sociedad en la cual está inmerso (principios y valores).

La creación de un ambiente o clima escolar adecuado para unas buenas relaciones humanas incumbe por igual a docentes, padres, estudiantes y comunidad. Asimismo, formarse en la escuela implica, además de adquirir conocimientos, recibir orientación en la convivencia pacífica, la escuela debe buscar la identidad de sus estudiantes como seres únicos e irrepetibles, puesto que dado a lo que acontece hoy día muchos jóvenes han perdido el horizonte de sus vidas, la pérdida de valores, la falta de respeto y tolerancia, acrecientan una cruda violencia estudiantil, estudiantes agrediendo física y verbalmente a otros estudiantes, a sus propios padres y docentes.

Actualmente algunos niños en el nivel de escolaridad de primaria agreden a sus compañeritos a través de insultos, burlas y golpes, y estas agresiones que suceden en la escuela, no sólo se trasladaron a la calle si no que pasaron a las redes informáticas, esto hace que se maximice aún más la agresión; esto mismo sucede con los adolescentes en el nivel de escolaridad de bachillerato, el abuso de unos contra otros genera incertidumbre en el entorno educativo, hay estudiantes que no soportan tal presión y terminan acabando con su vida por una falta de atención a esta situación. De ahí surge un interrogante ¿están los docentes realizando adecuadamente su labor educativa?…respuesta que debe llevar a quienes imparten procesos de educación a revisar su tarea, reconocer los errores que desde la escuela se están ejecutando en el proceso educativo y que están llevando a nuestra juventud a actuar de manera violenta y agresiva. Algo se está haciendo mal y es hora de subsanarlo.

Las Instituciones Educativas se han dedicado a cambiar los manuales de convivencia para procurar minimizar los actos de violencia en la comunidad estudiantil, sin embargo estos persisten bajo la mirada impotente, de una sociedad indiferente, que no ayuda a mitigar estos eventos, de los medios masivos de comunicación que generan violencia visual constantemente, de los padres de familia que no logran consolidar o mantener estables sus hogares y de los docentes que no están comprometidos por generar nuevas estrategias que propicien cambiar esta situación.

Entonces, ¿de qué manera se podría ayudar a solucionar estos conflictos?; es aquí donde el docente partiendo de un trabajo serio de investigación debe diseñar estrategias pedagógicas que le permitan hacer frente a estas situaciones cotidianas de conflicto escolar, como las planteadas por Enrique Chaux Torres1 en el programa aulas en paz2 . Una manera en la que se puede potencializar esta situación es diseñando escenarios conversacionales que inviten a la tranquilidad y confianza en la escuela, donde se pueda decir lo que se piensa y siente sin temor a ser juzgado, dando así la importancia al lenguaje humano, al diálogo y reconstruyendo la realidad educativa. Pero para ello es necesario conocer el pensar y actuar de los niños, conocer su entorno familiar, social, local, nacional e internacional; deben iniciar la construcción de un nuevo modelo educativo que se ajuste a las necesidades de su colegio, escuela o universidad. En resumen, deben salir de su confort y enfrentarse a nuevos paradigmas que los lleven a seguir creciendo en su labor de formación de personas.

Otra estrategia sería incentivar en los estudiantes el trabajo en equipo, el trabajo colaborativo; cada integrante necesita sentirse libre para poder expresar y manifestar sus opiniones, teniendo en cuenta el contexto de la relación con el otro, se deben crear espacios donde se valide el dolor, se puedan hacer reclamos desde el respeto y sobre todo se perdone; a la vez permite que se escuche al otro, que se analicen otros puntos de vista, distintos al personal y que en grupo se vislumbren soluciones a conflictos que se puedan presentar. Así que desde la escuela se deben establecer posiciones claras y proponer acciones conjuntas, es decir, las conversaciones deben estar dadas para coordinar acciones, los estudiantes deben ser protagonistas del cambio, en ellos se debe crear un ambiente de paz y un estado emocional de aceptación, de esta manera se podría considerar una convivencia pacífica. Entre tanto, a los docentes se les convoca a rediseñar las clases y las prácticas pedagógicas, empezando por cambiar las clases magistrales carentes de relación e inclusión por escenarios pedagógicos conversacionales que promuevan y den sentido a lo que se requiere para formar seres humanos y profesionales. Desde la clase el docente además de abordar los temas propios del currículo, puede considerar situaciones de tipo vivencial que acontezcan en el entorno estudiantil para dar la orientación necesaria a los niños que estén presentando o pasando por algún tipo de conflicto. De ahí la importancia del trabajo por competencias que permiten humanizar el proceso enseñanza-aprendizaje.

Ahora, del tipo de relación que se genere en los escenarios pedagógicos depende el éxito del proceso educativo, pues estos encuentros deben generar entre docentes y estudiantes ambientes de diálogo que den sentido a los retos y dilemas humanos propios de la existencia y por consiguiente den sentido a las prácticas pedagógicas. Es claro que un niño con conflictos personales o familiares no rendirá en la escuela y entonces se sumaría un conflicto más y no es lo que se pretende. De este modo, las competencias ciudadanas juegan un papel importante dentro del proceso formativo, pues éstas se convierten en medio para ser constructoras de vida con el otro, lo que posibilita un compartir de vivencias, preguntas, respuestas, dudas, etc., un todo, porque la vida es un gran campo experimental en donde lo que se siente, piensa y actúa se retroalimenta en el ser; desde ésta visión los docentes deben preguntarse si en el momento de planear las sesiones de clase tienen en cuenta estos elementos que se convierten en componentes útiles dentro del proceso de formación de los estudiantes.

Luego, incluir estos elementos dentro de las prácticas educativas permitirá formar seres integrales, pues desde allí se aprende a convivir con el otro, para el otro y desde el otro, fortaleciendo los senderos del respeto por la vida, los derechos y valores humanos, pues el mundo de hoy no necesita de docentes que dominen la información, sino de docentes que ayuden a los jóvenes a expresar y conocer lo maravilloso que tienen, docentes capaces de transformar y generar escenarios pedagógicos con el fin de construir un mejor mundo para todos, docentes capaces de formar seres humanos para el planeta.

Entre tanto, las aulas de clase se deben convertir para los docentes en laboratorios, donde se experimenten nuevas propuestas pedagógicas que permitan la transformación del pensar y actuar de los jóvenes; si el mundo y el pensamiento de la sociedad cambian, el sistema educativo no se debe quedar rezagado de estos cambios; la labor docente se debe reescribir constantemente, utilizando para ello el trabajo investigativo. En las manos de los docentes no está solo el futuro de las personas, sino de un país entero, lo que implica que esta loable labor no se pueda dejar en manos de cualquiera, sino en manos de seres humanos con capacidad de liderar procesos de transformación de pensamientos y maneras de ser y actuar.

Luisa Fernanda Rodríguez Leal.

Docente de Matemáticas.

Institución Educativa Alberto Lleras Camargo.

Villavicencio. 19 de Septiembre de 2017